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miércoles, 9 de junio de 2010

Descripción

"Soy egoísta, impaciente y un poco insegura. Cometo errores, soy insoportable, muchas veces soy difícil de controlar. Pero si tú no puedes aguantarme en mis peores momentos, ten la puta seguridad de que no me mereces ni en mis mejores..."

Marilyn Monroe

miércoles, 26 de mayo de 2010

Don't give up


No fight left or so it seems
I am a man whose dreams have all deserted
I've changed my face, I've changed my name
But no one wants you when you lose


Don't Give up, Peter Gabriel

domingo, 16 de mayo de 2010

Como agua sobre una piedra

A quien retorna en busca de su antiguo buscar

la noche se le cierra como agua sobre una piedra

como aire sobre un pájaro

como se cierran dos cuerpos al amarse.



Extracción de la piedra de la locura
, Alejandra Pizarnik

jueves, 29 de abril de 2010

Trastos viejos



En la vida hay personas que son como trastos viejos. Hay que tener valor para hacer limpieza.


Care Santos

viernes, 16 de abril de 2010

Al flanco de los cedros y los pinos



Uno de los trayectos más estimulantes de esta vida es el tránsito por el idioma. El pensamiento avanza de palabra en palabra. Es una senda llena de sorpresas y algunas veces totalmente inédita. Y cuando pasa a ser sonido, cuando cada vocablo por fin coincide con la voz que lo espera, entonces lo normal se convierte en milagro. Paso a paso, sílaba a sílaba, el idioma pasa a ser una revolución. Y qué placer cuando un prójimo cualquiera sale a nuestro encuentro, paso a paso también, sílaba a sílaba, y su palabra se abraza con la nuestra.


Las maravillas y las impurezas emergen repentinamente del olvido y se introducen sin permiso en nuestro asombro. Gracias al idioma, sobrevivimos. Porque somos palabra, quién lo duda. El lenguaje es una bolsa de ideas, una metafísica que no tiene reglas, una propuesta que cada día es distinta.

Al flanco de los cedros y los pinos crecen los nombres y las flores, porque el lenguaje es también un jardín.


Vivir adrede, MARIO BENEDETTI

miércoles, 7 de abril de 2010

Un colegio no sexista

No sé de qué diablos protesto, a veces. Soy un gruñón bocazas, porque en realidad vivimos en un país fascinante. Según donde te sitúes, o lo haga el azar, lo mismo puedes echar la mascada por sotavento que rularte de risa o estamparle besos al vecino de barra. Yo mismo, cuando tengo sobredosis de telediario y me asomo a la ventana pidiendo que llueva napalm y nos lleve a todos a tomar por saco, me organizo a veces una terapia que funciona de cine: corro al bar más próximo, pido una caña y una tapa, miro alrededor y tiendo la oreja. Así, muchas veces, lo que veo o lo que oigo, las vidas que hormiguean a mi alrededor, la pareja que habla en voz baja cogida de la mano en la mesa junto a la ventana, el currante que se come el bocata, la señora que entra a pedir un café con leche después de pasar veinte minutos charlando con las otras marujas en la puerta del mercado, la peña considerada de cerca, en resumen, me suben el ánimo. Me reconcilian con la gente y con el escenario. Conmigo mismo, de paso. Como digo siempre, Sodoma y Gomorra, igual que Villacenutrios del Rebollo, están, si uno se fija, llenas de justos que las salvan. También de payasos que las animan. Que le dan vidilla al cotarro.

El otro día tocó rularse de risa. La historia es verídica, aunque ustedes son dueños de creérsela o no. Como aval tienen mi palabra de honor, así que allá cada cual. Yo puedo jurarles por las Siete Bolas de Cristal que es cierta en lo sustancial y el desenlace. Ocurrió hace pocos días en una asamblea de la asociación de padres de alumnos de un colegio rural, alguno de cuyos integrantes es amigo mío. Buscaban nombre para el centro escolar, y el debate se animó con propuestas y contrapropuestas. Participaba activamente, con calor dialéctico, una señora todavía joven, notable por sus actitudes antisexistas. Muy eficaz en su trabajo, dicho sea de paso. Lúcida, cualificada y profesional. Pero de las convencidas -sin duda sinceramente, en este caso- de que los Reyes Magos deberían llamarse Reyes y Reinas Magos y Magas, y que regalarle un balón y una espada de juguete a un niño varón significa forjar, desde la más tierna infancia, a un maltratador de mujeres y a un fascista con carnet.

El caso es que, dándole vueltas al nombre del colegio, la antedicha señora se negó a utilizar el de un conocido escritor español vivo -no era el mío, tranquilicémonos todos-, argumentando que el candidato pertenecía al sexo masculino -ella dijo «género»-, y que eso suponía discriminar a las mujeres escritoras. El mentado, además, no era considerado por la citada señora un pavo progresista, sino proclive -y esto es literal, o casi- «a una manera de escribir demasiado apegada a las reglas académicas, lo que le da un tufillo de derechas». Además era varón, lo que suponía una discriminación adicional. No sería bien visto. Se le pidió entonces a la señora que aportase nombres de escritores homosexuales inequívocamente progresistas, dignos de figurar en el membrete de cartas de un colegio español del año 2010. O, preferiblemente, de escritoras hembras en situación parecida. Pero no supo dar ninguno. Los hombres eran hombres, a fin de cuentas; y a las mujeres no acababa de verlas. «Hasta este mismo debate es machista», apuntó la prójima saliéndose por los cerros de Úbeda. Se entabló luego una animada discusión en busca de gente de otros registros, a ser posible mujeres vivas, conocidas, relacionadas con las letras, la educación o la cultura en general. Pero todo eran inconvenientes. A la señora no le cuadraban las cuentas. Además, no podía ser un nombre masculino, concluyó, por su posible interpretación sexista; pero si era mujer parecería muy radical. Muy extremista. `Colegio Miguel de Cervantes´ sonaba a rancio y a facha. «Con Franco todos se llamaban así», dijo alguien. Lo conveniente era un nombre que fuese popular, con tirón, pero que careciese por completo de connotación política. «Fulano escribió durante el franquismo, Mengano sale mucho en El País, Zutano firma en la tercera de ABC.» Eso de la etiqueta, real o postiza, los dejaba fuera a todos. «Sin olvidar -apuntó un profesor, ya en plan de coña- que si es hombre o mujer de raza blanca, pueden acusarnos de racismo. Y escritoras negras no tenemos muchas.»

Al fin, tras varias horas de dimes y diretes, la señora dio con la solución: «Un nombre -apuntó muy seria- que cumple todos los requisitos para representar los valores del centro educativo, sin ser sexista ni afectar la sensibilidad de ningún colectivo». Luego hizo una pausa, los miró a todos con ojos encendidos de entusiasmo y dijo: «La Pantera Rosa».


Arturo Pérez- Reverte
XL SEMANAL - 29/3/2010

miércoles, 3 de marzo de 2010

Esa puta mierda

En la transcripción de la célebre y grosera frase de Esperanza Aguirre que ha trascendido gracias a un micrófono abierto que ella creía cerrado, ha habido, a mi parecer, un pequeño error. Ya saben: “Nosotros hemos tenido la inmensa suerte de poderle dar un puesto a Izquierda Unida quitándoselo al hijoputa”. Si uno oye la frase, para mí es evidente que la última palabra tendría que ir con mayúscula, es decir, “al Hijoputa”, pues sin duda se trata de un mote, de un apelativo habitual. Se está refiriendo a alguien a quien suele llamar así, y su interlocutor –su Vicepresidente– sabe perfectamente de quién le habla, está acostumbradísimo a oírle ese apodo. Si la Presidenta de Madrid se hubiera referido, como ha querido hacer creer, a alguien “circunstancial” –un tal Serrano, ex-representante del Ayuntamiento en Caja Madrid, y con quien ella no tiene trato personal–, habría dicho “a ese hijoputa” o “al hijoputa ese”; no “al Hijoputa”, que es lo que soltó verdaderamente. Por otra parte, me trae sin cuidado de quién estuviera hablando esa mujer despreciativa y soez que provoca vergüenza ajena. Allá ella con sus fobias, sus rencillas, sus traiciones y sus bestias negras.

Lo que ya no me trae tan sin cuidado es que la máxima representante de mi región sea zafia y malhablada, y más grave que la célebre frase me pareció otra, que soltó el mismo día, y que ha sido objeto de muchos menos comentarios. Se la veía paseando por las cercanías de un pueblo, Becerril de la Sierra, con un nutrido cortejo de individuos untuosos y temerosos, literalmente un séquito, como si fuera la dueña de un cortijo con sus capataces y peones. De pronto se soliviantaba y, señalando algo que quedaba fuera de plano –tal vez una construcción–, se volvía hacia el alcalde de Becerril, que iba escoltándola, y le decía en tono despótico y colérico: “¿Pero cómo has podido autorizar esa puta mierda?” Se alcanzaba a ver el azoramiento del culpable, helado por la brutalidad del reproche, y la escena terminaba. Aguirre podía haber dicho “ese adefesio” o “esa porquería”, pero no: lo que le salió de su chabacana alma fue “esa puta mierda”. Lo peor fue el tono, sin embargo: delataba a una persona irascible y propensa al trato tiránico. La escena entera parecía sacada de La escopeta nacional, de Berlanga, y no está de más recordar que en ella la acción se situaba aún en tiempos de Franco, y que esa divertidísima película retrataba con precisión un tipo de aristócrata abundantísimo en España a lo largo de su historia: terrateniente, adinerado y engreído; bruto, ignorante y tosco hasta la náusea. En manos de esa clase de individuos ha estado este país durante siglos. Por eso resultaba tan deprimente ver algo parecido en 2010, con la agravante de que la “señorita” actual fue votada por los ciudadanos (bien es cierto que tras perder unas elecciones y forzar su repetición gracias a una turbiedad nunca aclarada).

Claro que todos, o la mayoría, soltamos tacos de vez en cuando. Claro que nos hemos referido a alguien como “hijoputa” o hemos calificado algo de “puta mierda”. Pero casi todos somos particulares y no nos representamos más que a nosotros mismos. Aguirre se ha negado a hablar de su desliz, aduciendo que se trataba de “una conversación privada” y que, por lo tanto, “no contaba”. Se equivoca, como se han equivocado todos los demás dirigentes a los que ha traicionado un micrófono, desde la lumbrera José Bono tildando a Blair de “gilipollas” hasta el actual jefe de la patronal, Díaz Ferrán, llamando a la propia Aguirre “cojonuda”. Los políticos fingen y mienten de manera tan abusiva y permanente en público, que precisamente lo que ya no cuenta es lo que dicen para la galería, cuando se saben vistos, escuchados, filmados y grabados. Todo eso es falso, una patraña, una representación en el mejor de los casos. Para saber cómo son y lo que piensan de veras no nos sirven sus declaraciones ni sus intervenciones en el Parlamento. De modo que, cada vez más, lo único que cuenta es lo que dicen en privado y cuando creen estar “en confianza”. Hay más verdad acerca de la personalidad de Aguirre en esas dos frases captadas por azar que en todas sus manifestaciones ante la prensa a lo largo de los años. Éstas son, por principio, pura fachada y puro teatro, y por consiguiente falaces, un engaño, como todas las de los demás políticos una vez que ese gremio ha optado por el fingimiento perpetuo. Son esas las que no cuentan. Aquéllas, en cambio, nos revelan quién nos representa: una mujer autoritaria, irritable, desdeñosa, deslenguada y de natural ordinaria. Ya sé que hoy suelta tacos todo el mundo (bueno, sólo en España), pero, curiosa y significativamente, apenas conozco a mujeres de mi edad o mayores (y Aguirre es de mi edad) que, si han sido bien educadas y además son consideradas, recurran a ellos, sean cuales sean su clase social y sus conocimientos. También eso indica algo.

[PS para los interesados. Así ocurre a menudo: a los cuatro días de escribir mi anterior columna, dando por perdida a la bailarina de Cecil Court, ésta me llegó por mensajero. Ya no sé si es para bien o para mal, pero vuelve a estar al lado del señorín del que la había separado.]

Javier Marías
pu
blicado el 21/2/2010 en EL PAÍS

viernes, 1 de enero de 2010

Escribo para


Escribo para evitar que al miedo de la muerte

se agrege el miedo de la vida...

Augusto Roa Bastos

domingo, 2 de agosto de 2009

Sé que...

Sé que seremos capaces de crear entre nosotros
una relación tan confiada, respetuosa y sincera,
que el vecino territorio,
ese de las relaciones celosas, posesivas y desesperadas,
comenzarán a mirarnos con envidia,
y terminarán organizando excursiones,
para venir a preguntarnos cómo lo hicimos.



Mario Benedetti

jueves, 19 de febrero de 2009

Hasta entonces había creído...

Hasta entonces había creído que todo libro hablaba de las cosas, humanas o divinas, que están fuera de los libros. De pronto comprendí que a menudo los libros hablan de libros, o sea que es casi como si hablasen entre sí. A la luz de esa reflexión, la biblioteca me pareció aún más inquietante. Así que era el ámbito de un largo y secular murmullo, de un diálogo imperceptible entre pergaminos, una cosa viva, un receptáculo de poderes que una mente humana era incapaz de dominar, un tesoro de secretos emanados de innumerables mentes, que habían sobrevivido a la muerte de quienes los habían producido, o de quienes los habían ido transmitiendo.
-Pero entonces --dije-, ¿de qué sirve esconder los libros, si de los libros visibles podemos remontarnos a los ocultos?

-Si se piensa en los siglos, no sirve de nada. Si se piensa en años y días, puede servir de algo. De hecho, ya ves que estamos desorientados.

-¿De modo que una biblioteca no es un instrumento para difundir la verdad, sino para retrasar su aparición? -pregunté estupefacto.

-No siempre, ni necesariamente. En este caso, sí.


El nombre de la rosa
Umberto Eco

domingo, 31 de agosto de 2008

Hacia la carretera

. Libretas secretas garrapateadas y páginas frenéticas mecanografiadas para tu exclusivo placer.

. Acoge todo signo, ábrete, escucha.

. Evita emborracharte cuando no estás en casa.

. Sé amante de tu vida.

. Sé poseído de una ingenua santidad del espíritu.

. Respira, respira tan fuerte como puedas.

. Escribe lo que quieres infinitamente, brota del infinito de tu alma.

. No más tiempo para la poesía, en su lugar lo que es.

. Permanece en trance, inmóvil, sueña con el objeto que está ante ti.

. Al igual que Proust, sé fanático del tiempo.

. Relata la historia verdadera del mundo en monólogo interior.

. Vive tu memoria y tu asombro.

. Sal del fondo de tu ser, y con los ojos muy abiertos lánzate al mar del lenguaje.

. Acepta perderlo todo.

. Suprime el miedo y la vergüenza ante la integridad de tu experiencia, de tu lengua y de tu saber.

. Escribe para que el mundo lea y vea la imagen precisa que tienes de él.

. Un libro-film, un film de palabras, he ahí la forma norteamericana de visión.

. Creación salvaje, sin límite, pura, surgida de las profundidades, a ser posible alucinada.

. Tú eres un genio, siempre.


Jack Kerouac

Lista de condiciones esenciales para ser un buen escritor.

jueves, 10 de enero de 2008

Zedka habla

—Te contaré una historia —dijo Zedka—. Un poderoso hechicero, queriendo destruir un reino colocó una poción mágica en un pozo del que todos sus habitantes bebían. Quien tomase aquella agua, se volvería loco.
»A la mañana siguiente, toda la población bebió y todos enloquecieron, menos el rey, que tenía un pozo privado para él y su familia, donde el hechicero no había conseguido entrar. El monarca, preocupado, intentó controlar a la población ordenando una serie de medidas de seguridad y de salud pública, pero los policías e inspectores habían bebido el agua envenenada, y juzgando absurdas las disposiciones reales, decidieron no respetarlas de manera alguna.
»Cuando los habitantes de aquel reino se enteraron del contenido de los decretos, quedaron convencidos de que el soberano había enloquecido y por eso disponía cosas sin sentido. A gritos fueron hasta el castillo exigiendo que renunciase.
»Desesperado, el rey se declaró dispuesto a dejar el trono, pero la reina lo impidió diciendo: «Vayamos ahora hasta la fuente y bebamos también. Así nos volveremos iguales a ellos.»
»Y así se hizo: el rey y la reina bebieron el agua de la locura y empezaron inmediatamente a decir cosas sin sentido. Al momento sus súbditos se arrepintieron: ahora que el rey estaba mostrando tanta sabiduría, ¿por qué no dejarle gobernar?
»El país continuó en calma, aunque sus habitantes se comportasen de manera muy diferente a sus vecinos. Y el rey pudo gobernar hasta el fin de sus días.
Veronika se rió.
—Tú no pareces loca —dijo.
—Pero lo soy, aunque esté siendo curada, porque mi caso es simple: basta recolocar en el organismo una determinada sustancia química. Sin embargo, espero que esa sustancia se limite tan sólo a resolver mi problema de depresión crónica; quiero continuar loca viviendo mi vida de la manera que yo sueño y no de la manera en que otros desean. ¿Sabes lo que hay allá afuera, detrás de los muros de Villete?
—Gente que bebió del mismo pozo. —Exactamente —dijo Zedka—. Creen que son normales porque todos hacen lo mismo. Voy a fingir que también bebí de aquella agua.

[Veronika decide morir- Paulo Coelho]

miércoles, 7 de marzo de 2007

El sueño va sobre el tiempo...

El sueño va sobre el tiempo
flotando como un velero.
Flotando como un velero.

Nadie puede abrir semilla
en el corazón del sueño.
En el corazón del sueño.

El tiempo va sobre el sueño
hundido hasta los cabellos.
Ayer y mañana come
oscuras flores de duelo.
Oscuras flores de duelo.

El sueño va sobre el tiempo
flotando como un velero.
Flotando como un velero.

Nadie puede abrir semilla
en el corazón del sueño.
En el corazón del sueño.

Sobre la misma columna
abrasado sueño y tiempo,
cruza el gemido del niño,
la lengua rota del viejo;
y si el sueño finge muros
en la llanura del tiempo,
el tiempo le hace creer
que nace en aquel momento.
Que nace en aquel momento.


Federico García Lorca

domingo, 18 de junio de 2006

I walk in

I walk in
I see you
I watch you
I scan you
I wait for you
I tickle you
I tease you
I search you
I breath you
I talk
I smile
I touch you hair
You are the one
Who did this to me
You are my own
I show you
I feel you
I ask you
I don’t ask
I don’t wait
I won’t ask you
I can’t tell you
I lie
I am crying hard
There was blood
No one told me
No one knew
My mother knows
I forget your name
I don’t think
I bury my head
I bury your head
I bury you
My fever
My skin
I cannot breathe
I cannot eat
I cannot walk
I am losing time
I am losing ground
I cannot stand it
I cry
I cry out
I bite
I bite your lip
I breathe your breath
I pulse
I pray
I pray a loud
I smell you on my skin
I say a word
I say your name
I cover you
I shelter you
I run from you
I sleep beside you
I smell you
On my clothes
I keep your clothes

[Jenny Holzer]

domingo, 18 de diciembre de 2005

Expulsada al país de las maravillas...

La metáfora es una de las mejores invenciones del ser humano...



Un dia más me quedaré sentado aqui
en la penumbra de un jardin tan extraño
cae la tarde y me olvide otra vez
de tomar una determinación.

Alicia sortilegio de babia
en el fondo del espejo
alicia ni supone ni piensa
con la luna por cerebro

Alicia en su pensamiento
tirando del hilo de su enredo
alicia en el laberinto
sin minotauro me llama: ¡teseo!

Alicia es siempre tan breve
que ya ha terminado
alicia dice que te quiere
cuando ya te ha abandonado

Alicia expulsada
al país de las maravillas
para alicia hoy
es siembre todavía

Alicia, viajando entre lunas
de charla con musarañas
alicia tejiendo las nubes
con tela que nunca se acaba

Alicia es siempre tan breve
que ya ha terminado
alicia dice que te quiere
cuando ya te ha abandonado

Alicia expulsada
al país de las maravillas

Enrique Bunbury [Alicia]

lunes, 7 de noviembre de 2005

De los desafíos

Acepte los desafíos. Y no olvide: existen momentos en la vida en que precisamos más de la bravura que de la prudencia. Ciertas decisiones precisan ser tomadas con el fuego de la emoción. Entre tanto, estamos acostumbrados a decir: "es preciso calma. Tengo que estar preparado para esto". Nadie consigue prepararse directamente para nada. Existen muchas cosas que pueden ser planeadas, pero tampoco siempre es lo mejor que la vida nos ofrece. Una aventura mágica, donde todo conspira para ayudarnos a dar un gran salto sobre el abismo, siempre surge inesperadamente, y parte luego. Su presencia fue resultado de un trabajo invisible que realizamos, sin que nos diésemos cuenta. Es tomarlo o dejarlo para siempre. Claro que nos podemos caer en el abismo. ¿Pero qué, en esta vida, no es arriesgado? Paulo Coelho, MaktubII.

Del suicidio

Entré en el laboratorio de química de la escuela, y tomé la botella de veneno. Coloqué un vaso delante de mí, lo miré bastante, reparé en su color, e imaginé el posible gusto que tendría. Entonces, aproximé el ácido a mi rostro, y sentí su olor; en ese momento, mi mente dio un salto al futuro – y yo podía sentirlo quemando mi garganta, abriendo un agujero en mi estómago. La sensación de los daños causados por el ácido era tan real, que parecía que ya lo había bebido. Fue entonces que tuve la certeza de que no quería eso. Me quede algunos momentos sosteniendo el vaso entre mis manos, saboreando la posibilidad de la muerte, hasta pensar para mí mismo: si soy valiente para matarme, también soy valiente para continuar viviendo.

Colin Wilson, descripción de su tentativa de suicidio a los 16 años.

jueves, 3 de noviembre de 2005

Gobernar con dulzura

- ¿Qué canción es esa que cantabas ayer? – pregunto.
- Balada para un loco -dice-. ¿Por qué no me lo has preguntado hasta hoy?
- Por nada - contesto.

Pero sí, hay un motivo. Sé que él cantó esa canción porque es una trampa. Me hizo memorizar la letra, y yo tengo que memorizar la materia para el examen. Podría haber cantado una canción conocida, que yo hubiese oído miles de veces, pero prefirió algo que no hubiese escuchado nunca.
Es una trampa. Así, cuando más adelante suene esa música en la radio, o en un disco, me acordaré de él, de Bilbao, de la época en que el otoño de mi vida se transformó de nuevo en primavera. Recordaré la excitación, la aventura, y la criatura que renació sabe Dios de dónde.

Paulo Coelho, A orillas del río Piedra me senté y lloré.

martes, 13 de septiembre de 2005

Tal vez


Tal vez fue la locura la que me impulsó a viajar. Puede que fuera la locura. Yo decía que había sido la cultura. Claro que la cultura a veces es la locura, o comprende la locura. Tal vez fue el desamor el que me impulsó a viajar. Tal vez fue un amor excesivo y desbordante. Tal vez fue la locura...

[Roberto Bolaño - Amuleto]

jueves, 8 de septiembre de 2005

Del poder del ósculo


El beso en la Place de l'Hotel de Ville, 1950 - Robert Doisneau


Cada vez que dos personas se funden en un beso -en un beso de esos que funden-, ponen en movimiento 29 músculos con los que se intercambian 9 miligramos de agua, 0,18 de sustancias orgánicas, 0,7 de materias grasas y otros 0,45 ml. de sal, así como centenares de bacterias y millones de gérmenes. Si a esto le sumamos el repentino subidón de hormonas más el tiovivo que se nos mete en la cabeza, llegaremos a la conclusión de que un beso bien dado desencadena poco menos que un Katrina en miniatura. [J. Aguirresorondo · El Diario Vasco · 7/ IX/ 05]