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jueves, 10 de febrero de 2005

Parte de Mi

Escucho la canción “Blue Train” de Page & Plant, antiguos componentes de Led Zeppelín y sólo me sugiere una cosa: Goyaz.

No sé. No sé porqué. Hoy ha salido un día digno de verano; el sol baña la ciudad, haciendo que el frío invernal acapare menos importancia. Así que esa sensación estival desemboca en el recuerdo de Goyaz.

Goyaz, pueblo de Tolosaldea, nace cada día bajo las faldas del monte Ernio. Entre sus particularidades se encuentra su iglesia, la cual se sitúa, según pone allí mismo, en el mismísimo centro de Guipúzcoa.

He vivido innumerables ratos con mis amigos en este pequeño paraíso y todos hemos proclamado aquél lugar, más o menos, como nuestro segundo hogar.

En Goyaz hay una casa que pertenece a la Iglesia y que durante años ha sido sinónimo de Evasión para muchos. Los jóvenes que hacían la confirmación en la parroquia de Larratxo solían ir allí de convivencias, y E., que hasta hace poco ha llevado el coro de la parroquia, solía pedir cada dos por tres las llaves de la casa, de tal modo que subíamos a menudo a un edén que está a cuarenta kilómetros de La Bella (y Burguesa) Easo.

Cuando comencé a ir era una joven mucho más tímida y reservada. Sólo tenía 17 años y la convivencia porque sí, sin los padres, a veces me parecía quedárseme un poco grande; otras en cambio se me presentaba suculenta, por eso de no tener que justificar cada uno de mis movimientos cada vez que hacía algo.

Para nuestra desgracia, la parroquia tomó la decisión dejar la casa este último verano, por lo que no hemos regresado a sus pilares desde julio. Esta casa, que cuenta con siglos de existencia a sus espaldas, cuenta con la nominación de “patrimonio histórico”, aunque está hecha polvo en su interior; si bien hay pisos que fueron, más o menos, restaurados por los jóvenes que iban de convivencias, igualmente hay pisos que son inhóspitos. ¿Cómo es posible que “un patrimonio histórico” esté tan desamparado...? Sin palabras... El caso es que hace unos años el párroco de Larratxo decidió arreglar su tejado, y ahora, que ya ha terminado de pagarlo, ha decidido dejar la casa al obispado, pues esta ya sólo servía para generar gastos y poco más.

De este modo, con 21 años, pisé la casa por última vez.
Mi cajita de Pandora, eso es la casa. Mis raíces, mi ingenuidad, mis sueños, mis esperanzas, mis ilusiones, mis amigos, mi escritura, mi evasión... Se han quedado tantas partes de mi dispersas en su interior, que es como si una pequeña parte de mi se hubiera quedado allí.

A veces me imagino sentada en el comedor, con las ventanas del balcón abiertas, y puedo ver el bosque frondoso justo enfrente, como siempre. Puedo percibir el olor a abono desde ahí; el frío viento barriendo la habitación, mientras el silencio me recuerda todas esas veces en las que me perdí sola entre sus pisos, para pensar o escribir, para llorar o simplemente hablar con algún confidente.

La complicidad que surgía entre sus paredes era tan mística... No importaba que no hubiéramos mantenido ninguna relación en los meses anteriores, podíamos juntarnos en aquél paraje como si el tiempo nunca hubiera transcurrido, con la ilusión de volver a compartir unos días -sin teléfono (aunque más tarde llegaran los móviles), sin televisión, ni radio... desconexión total en definitiva, que poco a poco fue siendo usurpada con la llegada de los ordenadores (menos mal que no podíamos acceder a internet)... El caso era llegar al final de la semana y tener que adaptarse al ritmo habitual, con un alubión de noticias de las que nos habíamos privado de forma inconsciente...

Allá por diciembre regresamos para comer en un bar del pueblo y, aunque no fue lo mismo, volver a pisar aquél espacio fue un gran regalo.

Sin duda, el día de mañana espero poder contarles a mis hijos o sobrinos, quien sabe si incluso nietos, todas aquellas anécdotas que nos dejó Goyaz... Hay tantas sensaciones que no se pueden imprimir en palabras, que será realmente complicado hacerles entender lo mucho que significará para todos aquél lugar.

martes, 12 de octubre de 2004

Los Vástagos de Goyaz


Han transcurrido catorce años desde la última vez que pisamos la casa. La amistad se ha desgastado por la distancia física que algunos hemos puesto de por medio. Nunca pensé que aquellos tres meses en Inglaterra se fueran a convertir en años de separación. Sé que ninguno guarda ya relación entre sí. Puedo ver el gesto de quien se encuentra con un antiguo amigo por la calle, pero mira en otra dirección para evitar al choque de miradas. Os cogería a todos del cuello y os obligaría a miraros a los ojos... ¿Qué nos ha pasado?

Nada ha evolucionado como pensábamos; la realidad terminó devorando todos nuestros sueños. Seguimos un camino ya marcado, sin darnos cuenta de todo lo que dejábamos de lado.

Ahora regreso a mis raíces por circunstancias ajenas a mi voluntad; mi hija, a la que puse por nombre Vidania, me acompaña en este viaje. Es estúpido pero he hecho una lista con las últimas cosas que quiero hacer antes de irme.

Necesito abrir las ventanas de esa casa, llenar esas raíces de aire nuevo; volver a veros sentados alrededor de la mesa, sonrientes, justo después de comer...

Fuimos hermanos, sin saberlo, por un espacio de tiempo. Entonces el recóndito paraje usurpaba nuestra impaciencia y el mundo se presentaba estático. Las arenas del tiempo parecían congelarse para los que fuéramos vástagos de Goyaz.

lunes, 26 de julio de 2004

Goyaz

Algo debía quedar para el mañana... y para el hoy.

Quise cerrar esas puertas... "Aquí se acaban cuatro años de sueños". Pero la casa me habla y me seduce: el regreso es factible aunque para entonces ya no seamos los mismos...

Dejamos algún que otro mensaje en una botella de cristal presta a ser echada al mar. Un océano lleno de experiencias y días por olvidar. Hoy ya es mañana, y el mañana ya es historia. Sólo quedó una huella de nuestro paso... un poema que Hegoi quiso compartir, y así, sin nada más que pintar, las raíces quedaron secas de libertad.

El gozo es ahora otro... como otros son los ojos que ahora se cruzan por las calles. Chocan las miradas, hablan las miradas... pero ninguna de ellas habla de complicidad.

Se oye un ruido... la puerta se abre y distingo una silueta. Es la Madre Vida que me viene a despertar: "Abre los ojos pequeña, porque todo ha sido un sueño y nada más..." [K]


"El sueño va sobre el tiempo
flotando como un velero.
Flotando como un velero.

Nadie puede abrir semilla
en el corazón del sueño.
En el corazón del sueño.

El tiempo va sobre el sueño
hundido hasta los cabellos.
Ayer y mañana come
oscuras flores de duelo.
Oscuras flores de duelo.

El sueño va sobre el tiempo
flotando como un velero.
Flotando como un velero.

Nadie puede abrir semilla
en el corazón del sueño.
En el corazón del sueño.

Sobre la misma columna
abrasado sueño y tiempo,
cruza el gemido del niño,
la lengua rota del viejo;
y si el sueño finge muros
en la llanura del tiempo,
el tiempo le hace creer
que nace en aquel momento.
Que nace en aquel momento."

Federico García Lorca